Está sentado demasiado tranquilo,
tanto que asusta. Esconde su rostro en sus manos, no sé porqué o si le sucede
algo. Un dejo de preocupación me inunda, ¿por qué se esconde? No tiene nada que
temer, nada que le pueda hacer daño. Pero aún así lo hace, y me deja intrigada.
Mis maletas se caen, mas me
mantengo parada, allí en medio del aeropuerto, con el mar de gente fluyendo a
mis alrededores, todos tienen cosas mejores que hacer que observar al pobre
joven que cubre su rostro. ¿Es que nadie puede ver la belleza que inunda de él?
Aunque podría ser yo, podría ser yo la que tiene un gusto muy pobre, y puede
apreciar cualquier cosa. Eso me heriría, porque me gusta ver la belleza en cada
cosa del mundo, todo la tiene. Incluso lo que se considere más imperfecto, es
bello por esa misma razón.
Me acerco al muchacho, sus
cabellos dorados que se ondean por la suave brizna que hay me tienen
hipnotizada. Su piel es demasiado pálida, quizás tenga algún problema con la pigmentación
o quizás tan solo sea así. Sus dedos son largos y delgados, podría imaginarlo
sentado tranquilo frente a un majestuoso piano, creando hermosas melodías,
haciendo que su madre llore a gota gorda porque está orgullosa de él. Las uñas,
bien cuidadas y limpias, también me llaman la atención. Son solo uñas, pero
todo en ese muchacho me resulta interesante.
Está vestido con un traje color
gris, que luce demasiado monótono. ¿Quién lo habrá vestido? ¿Y para qué ocasión?
Son preguntas innecesarias, pero mientras le observo, no puedo evitar hacérmelas.
Aunque sé muy bien que no van a tener respuestas, ya que son de esas preguntas
que uno se hace y quedan flotando en el espacio, buscando atraerse a su
respuesta.
Entonces el muchacho gira
lentamente su rostro, y me da una sonrisa. Comienza en una mueca, y luego curva
sus delgados labios y sonríe. Sus dientes relucen, aunque son pequeños. Y no es
el hecho de que el muchacho sea lo más hermoso que haya visto, sino que ha
visto que le he estado observando, y me ha dedicado unos segundos de su tiempo
que han hecho una diferencia enorme en mí.
Me mira con delicadeza, sin
apartar su sonrisa de su rostro. Entonces es cuando me doy cuenta, que me he
enamorado de su sonrisa.
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