Esta entrada carece de título puesto a que es relativamente corta, mucho más que las demás, pero por sobre todo, porque está muy vinculada con lo que yo siento. Más que con los otros, cuando narro sobre otras personas, tanto psicológica como físicamente.
“A él no le gustaba que me
quedase callada” comienzo “es por eso que siempre me preguntaba sobre cualquier
cosa, lo primero que se le viniera a la cabeza. Y, de alguna manera, me forzaba
a responderlas. Pero yo simplemente, no decía mucho”.
“Y entonces, ¿por qué lo hacías?”
me pregunta.
“Creo que porque no quería ser
descortés” respondo.
“Piensa por un momento” me dice,
y yo respiro profundo, preparada para escuchar lo que quería decirme, entonces,
continua “¿has estado enamorada una vez?”. Asiento tras razonarlo. “Bueno,
entonces. Cuando estabas con esa persona, la persona a quien consideraste que
estabas enamorada, ¿hacías silencios?”
“No” respondo con rapidez. Pero considero
las veces, las muy pocas, en las que habíamos estado juntos. Sí los había, y
era porque yo los hacía. “Los había” digo, reformulando mi respuesta.
“¿Le molestaban a él?” vuelve a
preguntar. Si le molestaban o no, jamás me lo había confesado.
“No, creo que no”.
“¿Con cuál de los dos te sientes
más cómoda?” pregunta. Pero sabe la respuesta, tanto como yo.
“Con el muchacho del cual estaba
enamorada” respondo, pero no es mi cabeza quien lo hace. Tenía preparada una
respuesta, donde, como siempre, fingía que mis sentimientos hacia él estaban en
lo profundo del océano. Era para nuestra protección y de las personas que
estaban entre medio.
“Entonces, definitivamente, el
segundo no es el indicado. Por más que él te haya gustado, si no tolera como
eres, si no tolera tus silencios y te fuerza a cambiarlos, no merece la pena. Por
más que hieras, debes ser egoísta y querer lo que de verdad mereces, para
demostrarle eso a los demás”.
“Lastimaría demasiados corazones.
Y él no me quiere. ¿No es eso lo fundamental de las cosas?”
“Quizás. Pero quien lucha, es recompensado”.
“Tú no entiendes. ¿De qué vale
luchar por algo que sabes que nunca prosperará?”
“¡Eres tú la que no entiendes el
significado del amor! Amar a alguien significa seguir las cosas, aún cuando
ambos saben que no pueden sobrevivir. Porque es entonces, al borde de las
circunstancias, cuando se prueban el uno al otro, cuanto se aman”.
“¿Qué puedes saber tú de eso?
Jamás has estado enamorada”.
“Así como los psicólogos jamás
han estado enfermos como los pacientes. Aprendo. Miro. Experimento, aunque es
verdad. Jamás he sentido por una persona lo que tú describes haber sentido por
ese chico. Yo no moriría por quienes quise”.
“¿No es eso ser egoísta?”
“No, porque cada persona merece
ser amado por alguien de manera correcta”.
“¿Y cuál es esa manera?”
“De la manera más incorrecta que
puede haber, encontrando el lazo que los une y mantenerlo firme. Luchar cada
día por lo que vale la pena, y cuando uno esté muy agotado, entonces ver si de
verdad sirve, y si no, nada se desperdicia, puesto que de todo se aprende”.
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