Muchas
veces me siento un poco abrumada por el hecho de que cuando menos me doy
cuenta, él me toca. Hablando en términos estrictos de solo piel con
piel, no sé cuantas veces he muerto y resucitado cuando desliza sus dedos por
mi espalda, o por mis brazos. Creo que todas las ocasiones en las que esto ha
sucedido, fue por algo meramente tonto. Para explicar dónde, para cerrar un
corpiño, para llamar mi atención, porque su muslo está junto al mío en el
asiento del auto.
No
tendría por qué sentirme incómoda. O por qué desear que lo haga tantas veces
repetidas, como si no hubiera un mañana de existir vacía
No hay comentarios:
Publicar un comentario