domingo

Muchas veces me siento un poco abrumada por el hecho de que cuando menos me doy cuenta, él me toca. Hablando en términos estrictos de solo piel con piel, no sé cuantas veces he muerto y resucitado cuando desliza sus dedos por mi espalda, o por mis brazos. Creo que todas las ocasiones en las que esto ha sucedido, fue por algo meramente tonto. Para explicar dónde, para cerrar un corpiño, para llamar mi atención, porque su muslo está junto al mío en el asiento del auto.


No tendría por qué sentirme incómoda. O por qué desear que lo haga tantas veces repetidas, como si no hubiera un mañana de existir vacía

No hay comentarios:

Publicar un comentario