De manera abrupta e inesperada, toma mi rostro entre sus manos, sus palmas, y me besa en los labios. Sus labios recorren los míos con avidez y excitación. Puedo compararlo tomando en cuenta las veces en las que he pasado varias horas sin tomar nada, y mi boca está absolutamente reseca. Entonces tomo un vaso con agua, pero no tengo la rapidez suficiente para absorberlo todo. En este caso, sus labios son los resecos y mi boca es su deseado elixir. Debora mis labios con increíble ímpetu.
Deja de besarme y mira en mis ojos. Solo hace eso. Me mira.
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